Aqui os dejo un relato que me han enviado, me ha encantado y lo publico para compartirlo.
Gracias Thunder por hacermelo llegar,realmente me ha gustado mucho.Cuando tengas mas y sean asi de buenos, ya sabes, aqui los pondré.
Una noche más. Un concierto más. Pero no iba a quejarme, no. La verdad es que las cosas me iban bien. Desde pequeño que mi sueño era el de tener una banda de rock y tocar, tocar sin parar. La música me llenaba, hacia sentirme bien, olvidaba mis problemas y todo parecía tener una solución.
¿Y que mejor que tocar rock’n’roll? La música del diablo. Esos felices años cincuenta, cuando empezó todo. Que mierda que Elvis tuvo que ser domesticado, Él si que era un rebelde, el Rey del Rock.
Bueno, sabia que no llegaría nunca a ser un Rey, pero iba a disfrutar todo lo que pudiese. Y ahí estaba, a punto de hacer otro concierto.
El garito no pintaba mal, era uno de esos típicos de la ciudad que había cambiado de dueño y el actual era un fanático del rock, incluso había sido bajista de una banda hace años, pero se retiraron porque el cantante le dio demasiado a las drogas y lo metieron en la cárcel un día que conducía borracho, de coca hasta las cejas y atropelló a un policía que iba de paisano. Esa publicidad acabó con el grupo. Así que el tio se dedicó a trabajar en bares, y cuando recogió el dinero necesario, abrió su propio bar. Y daba conciertos, tal vez con la esperanza de que algún grupo alcanzara el éxito que él nunca consiguió. Y esa noche le tocaba a mi banda actuar. Ya estabamos todos a punto.
Está Jordi el batería, que ya se ha tomado todas las cervezas que podía, la verdad es que borracho le salen unos redobles cojonudos. Está Juan el bajista, mejor dicho contrabajo, es un purista del rock’n’roll, prefiere el sonido del contrabajo. Es más auténtico, según él. Ahí está Alfonso, el guitarra solista, le va el rollo de Eric Clapton y tiene unos dedos mágicos, que según él le va muy bien cuando hace trabajos manuales a una chica, que cabrón. Y luego yo, Nicolás, a la voz y guitarra rítmica. Ser el cantante y líder de la banda hace creer a la gente que ligo más, pero eso es una payasada. Jordi siempre se lleva las mejores, joder con los batacas.
Cogí mi Telecaster y empezamos a tocar. Había bastante gente, por suerte somos un poco conocidos y siempre llenamos los locales donde tocamos, incluso tenemos una maqueta, aunque las discográficas no nos hacen demasiado caso. Fuimos tocando nuestro repertorio, temas clásicos, versiones y canciones de cosecha propia. La gente parecía disfrutar, bailaban, seguían nuestras canciones, cantaban las letras… con gente así es como mejor pasas un concierto. Y entonces me fijé en ella.
Yo la sentaba en mi regazo, enloquecía sólo a su contacto.
La he conservado en la memoria. Tal como estaba. Siempre a mi lado.
Nunca me juró su amor lo creía eterno yo. Y ella me sonreía y miraba hacia el mar.
Era una chica muy guapa, cabello oscuro, delgada, de piel morena y no paraba de moverse. Bailaba, bebía, siempre con una sonrisa en la boca. ¡Y como movía las caderas! Igual fueron imaginaciones mías, pero juraría que me miraba y sonreía a mí. Intenté concentrarme en las canciones, pero no le podía quitar los ojos de encima.
Acabó el concierto, y antes de recoger el equipo nos fuimos a saludar a la gente y tomarnos unas cervezas.
- ¡Buen concierto chavales!
- ¡Sois los mejores!
- ¡De puta madre cabrones!
Los habituales nos felicitaban, como hacían siempre. Como pude llegué a la barra, pedí una cerveza y me dispuse a saborearla mientras descansaba, cuando la volví a ver. Estaba a mi lado, sentada en un taburete. Pude verla mejor. Era preciosa, su melena le caía hasta los hombros, Llevaba un top que marcaba sus pechos y mostraban su cintura, esa cintura que vi moverse al ritmo de la música. La falda corta dejaba ver unas hermosas piernas. Lo dicho, era toda un belleza. Me sonrió y empezó a hablar conmigo.
- ¿Eres el cantante, no? Me ha gustado el concierto.
- Gracias, no ha estado mal, no.
- No seas modesto, tocáis de cojones. Uy, ¿te hace gracia que hable así?
- No… jaja, bueno, siempre creí que las chicas guapas no deberían decir tacos.
- Anda, tocas música de los años 50, pero no me digas que piensas como esa época.
Y estuvimos mucho rato hablando. Tomamos cervezas, le conté anécdotas de otros conciertos, pero llegó el momento en que teníamos que recoger el material, o sea que me iba a despedir de ella.
- Bueno, tengo que recoger, que el dueño va a cerrar. Me ha gustado hablar contigo.
- Ah, oye, me gustaría pedirte un favor, si puedes…
- Dime.
- Es por si me puedes acercar a mi casa, sino tendré que tomar un taxi.
¡Joder! No era la primera vez que esto me ocurría, ya dije que el bataca se llevaba las mejores, pero esta vez me tocaba a mí. Desde el cielo, Elvis me estaría echando una mano.
- Por supuesto, en mi coche queda sitio.
- Gracias, eres un sol.
La llevé hasta su casa. Normalmente esto es lo que ocurre, te ligas a la chica, le echas un polvo y venga, ¡hasta otra cariño! Pero esta vez, no sé, había algo diferente. Seria por que hablamos mucho, por que reíamos, y si que tenia ganas de hacerla mia, pero parecía como si hubiera algo más.
Aparqué el coche. Ella recogió sus cosas, pero no se apeó.
- ¿Te apetece subir? Puedo preparar algo de café…
En el ascensor empezamos a besarnos. Mis manos recorrían su cuerpo por encima de su ropa. Ella mordisqueaba mis orejas, pasaba sus manos por debajo de mi camisa, arañando mi espalda mientras yo la aplastaba contra la pared del ascensor, moviendo mis caderas entre sus piernas.
Rápidamente abrió la puerta de su piso, sin dejar de besarnos. Nada más cerrar le empecé a quitar toda su ropa. Le quité el top, iba sin sujetador y pude admirar con toda libertad sus pechos. Los agarré fuerte, lamí sus pezones, jugando mi lengua con ellos. Como pude le quité su faldita. Ahora sólo llevaba su tanga. Se arrodilló y me bajó los pantalones. Avidamente cogió mi miembro erecto y le empezó a dar lametones. Se lo metió en la boca sin dejar de mirarme. Lamía y succionaba como una buena gatita.
La levanté, hice que apoyara los brazos encima de la mesa. Admiré su culo, redondo, firme. Arranqué su tanga y empecé a lamerle el sexo. Estaba húmedo y caliente.
- Venga,hazlo… – me suplicó.
Me puse un condón y le metí solo la punta. Ella gemía y movía sus caderas como pidiendo más. Mis manos volvieron a ocuparse de sus pechos, pellizcando sus pezones. Ella se acariciaba su clítoris, humedeciendo aún más su vagina, lo que me permitía avanzar más dentro de ella. Empecé a bombearla cada vez más fuerte y rápido, lo que hacía que sus gemidos fueran cada vez más altos y frecuentes.
Se giró y volvió a besarme. La cogí con mis brazos y apoyándola contra la pared volví a penetrarla. Rodeó mi cintura con sus piernas, para ayudarme a sostenerla. Mordí su cuello, lamí su cara. Cada vez la penetraba más rápido. Ella jadeaba, susurrándome al oído lo mucho que estaba gozando. Cuando tuvo su orgasmo se apretó fuerte a mí, tirando de mi pelo hasta hacerme daño.
- Mírame, mira como me haces gozar…
Nos corrimos los dos a la vez. Exhaustos, nos deslizamos hasta el suelo, aún abrazados.
Le pedí su teléfono. Y por primera vez en muchos años algo latía en mi corazón. Ridículo, pensé, ¿qué voy a sentir? Hemos echado un buen polvo, nada más. Lo de siempre. Entonces, ¿porque tenia ganas de volver a verla? ¿De volver a oír su voz?
Y volvimos a quedar, y no sólo una vez. Se puede decir que me había echado novia. Mis colegas se reían de mí. El capullo de Nico enamorado. Tal vez si, ¿Pero acaso el Rey no tuvo su Reina? Aunque luego acabaron divorciandose, pero eso es otra historia.
Me emborrachaba entre sus brazos ella nunca bebía, ni la vi llorando,
yo hubiera muerto por su risa. Hubiera sido su feliz esclavo.
Qué dolor sucio y traidor me envenena el corazón. Sé que ella nunca enloqueció. Jamás perdió el control.
El caso es que seguíamos saliendo. Los sábados por la noche quedábamos e íbamos a los bares, bebíamos, bailábamos. Me gustaba estar con ella, pero notaba que algo estaba fallando. Muchas veces la notaba distraída, o se largaba de mi lado para ir a charlar con conocidos suyos, que curiosamente siempre eran hombres. Eso me enloquecía, porque todos la miraban con ojos de viciosos. Pero claro, no puedes decir nada no sea que te digan que eres un jodido machista. Para pasar el rato me dedicaba a beber cerveza tras cerveza y siempre terminaba confesándole mi amor eterno. Pero ella sólo me cogía en sus brazos, nunca mostró enfado o irritación. ¿Es que ya no me quería? ¿Por que nunca decía nada?
Quiero verla bailar entre los muertos, la cintura morena que me volvió loco, llevo un velo de sangre en la mirada, y un deseo en el alma, que jamás la encuentre.
Sólo quiero que una vez algo la haga conmover.
Que no la encuentre jamás o sé que la mataré.
Por favor sólo quiero matarla. A punta de navaja. Besándola una vez más.
La última vez que quedamos terminamos de madrugada en el puerto. Tuvimos una discusión. Cada vez eran más frecuentes. Yo gritaba y ella se quedaba mirándome, sin decir apenas nada, hasta que yo me descargaba del todo.
Estaba tan bonita con su blusa blanca, su minifalda roja, sus botas. ¿Era blanca su blusa? No estoy seguro, porque me acuerdo que hacia juego con su minifalda.
No recuerdo cuando llegó la ambulancia y la policía. No oí las sirenas, estaba besándola, aguantándola para que no cayera. Ni siquiera oí caer mi navaja, recubierta del mismo color rojo que su ropa. Sólo recuerdo que la estaba besando…
Canción: La Mataré. Loquillo y Los trogloditas L.P. Mis problemas con las mujeres.
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(gaerwenill)
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Nu sta nada mal chaval@ ^^ me ha gustado bastante