Como cada año el Salón del Manga resulta ser una suerte de experiencias y buenos momentos, especialmente en el plano social, que a fin de cuentas es lo que hace memorable estos encuentros y que la fatiga sea más llevadera. La habitual parsimonia de los jueves se vio mas acentuada que en otras ocasiones, y como ya es costumbre contrastó con la marea humana que invadió La Farga el fin de semana.
Los autores invitados de este año, lejos de ser atractivos para el gran público; si tenían la calidad y entidad más que suficiente para que su presencia mereciera ya de por sí una visita al Salón. En lo personal, fue un placer entrevistar a la talentosa y singular Junko Mizuno, y a maestros de la talla de Yoshikazu Yasuhiko y Kaiji Kawaguchi; lamentado especialmente en el último caso, no disponer de más tiempo para una entrevista más personal, pausada y sobre todo extensa.
La disposición de los stands ha sido similar a la de otros años, mientras que editoriales como Panini y Glénat han mantenido la propuesta de que sus stands no estén destinados puramente a la venta de su material. En el caso de la editorial catalana sorprendió lo pequeño de su espacio y lo monotemático del mismo por medio de Eagle, aprovechando el tirón de las elecciones norteamericanas.
El programa de la Sala de Actos fue ocupado en su mayoría por mesas redondas interesantes. Sin embargo, se echó en falta un mayor número de mesas de debate, dado que la excesiva presencia de presentaciones, actos protocolarios y otras mesas impuestas, no dieron demasiado margen a las charlas y debates. Aunque por el contrario, pese a ser pocas en número resultaron interesantes, distendidas y por momentos reveladoras.
Si algo habría que reprochar es que la antigüedad de las instalaciones de La Farga es palpable en algunos aspectos, mejorar el plano tecnológico y habilitar puntos wifi a lo largo del recinto se antoja como algo bastante necesario.
En conclusión, este XIV Salón de Manga ha sido cuanto menos notable.
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Lo de los puntos wifi al final era ya como una misión imposible… y de mesas redondas podríamos sacar temario para una enciclopedia (porque entre unos y otros…). Eso sí, en cuanto a sociedad éramos muchísimos y habíamos flora y fauna para todos los gustos.