Miguel Ortega Pereira el Agosto 26, 2008

Esta vez analizamos una obra de un autor nacional que ya ha dado los dos saltos más importantes que, actualmente, se pueden realizar en el sector del cómic: publicar en Francia y en Estados Unidos. Desgraciadamente, no hay muchos que lo puedan decir, aunque es totalmente cierto que la demanda de dichos mercados extranjeros está subiendo paulatinamente.

Podemos decir que Días Grises, obra editada por Dolmen Editorial, es la culminación de una etapa que, muy posiblemente, se echará de menos por muchísimos seguidores del joven autor palmesano. La razón es obvia, sus futuros trabajos para la rama más mainstream del cómic, como bien explicó en la presentación de esta obra en Palma hace pocos días, le absorben mucho tiempo y eso implica el dejar de lado otros proyectos de una naturaleza mucho más personal.

Esta vez Guillem nos ofrece una obra de difícil clasificación. Con Días Grises se rozan diversos géneros: un sugerente ambiente y color a cine negro, thriller pasional y obsesivo e incluso una interesante disfunción entre lo real y lo irreal, como si un mundo de sueños se tratase. Y es que David, actor principal de la historia de este nuevo álbum del creador de Laura, es acosado por sus propios fantasmas, surgidos de un subconsciente atormentado por la falta de sueño, por la falta de claridad a la hora de ejecutar sus propias acciones y, de antemano, a la hora de juzgar las de aquéllos que le rodean.

Días Grises te atrapa en las dos primeras partes de su historia, no ofrece concesiones y asistimos al deterioro físico y, sobre todo, moral de una persona al que le asaltan los celos, mientras que sus sueños le sumergen en una espiral que le convertirá en una persona realmente arisca y violenta. Los celos que he citado anteriormente conducen a David a un camino desesperado y neurótico. Creyéndose que intenta solucionar sus problemas personales lo único que consigue es una destrucción total de su vida y las de sus allegados. Atentos al final, que pese a ser ligeramente tosco y precipitado, en él Guillem nos sorprende con un dibujo desgarrador y visceral, totalmente inusual en su carrera como autor, acompañado a la perfección por los colores de Jaime Herrera, con una gran sensibilidad hacia el rojo, perfecta elección.

Pero quizás la razón más obvia para sumergirse en las páginas de Días Grises es la sensación de desasosiego que envuelve su lectura, lo que hace ciertas sus palabras cuando comenta que no le gusta que le encasillen en un género determinado, como el costumbrismo. Género que, por otro lado, le ha llevado a ser un autor reconocido no sólo dentro de nuestras fronteras.

Publicado al unísono en el mercado galo, no es el mejor trabajo de Guillem (perdonarán ustedes que me quede con su anterior trabajo, Laura) pero sí es un salto de calidad realmente notable, aún más significativo, puesto que ha sido prepublicado anteriormente en el periódico Diario de Mallorca. Tras Días Grises, vendrá su versión de Poison Ivy, cuyas primeras imágenes ya hemos podido paladear. Mientras tanto, sus seguidores esperaremos a que tenga tiempo para volver a experimentar con otro género.

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