Miguel Ortega Pereira el Agosto 26, 2008

Hay situaciones en la vida que a buen seguro nos pueden parecer surrealistas o increíbles y que, además, vienen aderezadas con ciertas dosis de humor. Quizás pasan algo desapercibidas, pero sin duda alguna se encuentran ahí, esperando a que las descubramos con el inescrutable paso del tiempo. Pues bien, la obra publicada por Dibbuks en agosto del 2007, Hieronymus B. de Ulf K., pretende, aun sin pretensiones, hacernos testigos de esas vivencias que podríamos calificar como fantasmales.

Ulf K. nos presenta a un simple oficinista que experimenta experiencias vitales de lo más extraordinarias. Misterios cotidianos, aunque pueda parecer un contrasentido. Pormenorizando, hay dos facetas de este tebeo que me llaman poderosamente la atención. La primera de ambas es su carácter “platónico”, y me refiero sin complejos a la celebérrima teoría de las ideas del gran filósofo griego. Las ideas priman sobre las formas para nuestro pequeño pero intrépido protagonista y, ante todo, se puede apreciar en elementos dibujados con cierto grado de deformación. Y es que para Hieronymus B. todo posee una solución lógica, basada más en una idea idílica que en una forma perfecta.

El segundo aspecto claramente remarcable es la ausencia de texto, provocando al lector un interés mayor por la obra, puesto que en los bocadillos Ulf K. plasma únicamente pequeños dibujos o elementos específicos para la comprensión de cada una de las historias cortas que se disfrutan en Hieronymus B. Además, estas dos facetas que tan acertadamente cultiva Ulf K. consiguen su máximo esplendor con las últimas tiras del volumen, que despliegan un humor sencillo y socarrón, extrapolándose en ciertas ocasiones a circunstancias solamente perceptibles en sueños, lo que implica la observancia por parte del lector de cierto individualismo.

No obstante, y pese a la escasez de lectura que se puede paladear con Hieronymus B., fruto indudablemente de su procedencia editorial, es decir, publicación individual antes de la recopilación final, Ulf K. incluye interesantes elementos de su tierra natal, casi todos ellos industriales. No expone un carácter autobiográfico, más bien al contrario, quién sabe si las aventuras de Hieronymus B. no son anheladas por su creador, quien ha vivido a caballo entre la “delicatessen” de Yves Chaland y el “starker Arbeit” alemán.

Dolmen Editorial conoce muy bien a este autor, puesto que en España publicó a principios del 2006 su obra La Primera Estrella y Otros Relatos. Anteriormente ya se había estrenado en Cabezabajo Edicines y Aleta Ediciones con El año que fuimos campeones del mundo en colaboración con Andreas Dierssen. Ulf K. (Ulf Keyenburg), nacional de Alemania, comenzó a dibujar con apenas catorce años copiando dibujos del legendario Lucky Luke, se sumergió en la autoedición y sus tiras, tras bastantes años, se han convertido en un referente para diversas revistas europeas. De hecho, su blog Der Mondgucker, es un paso obligado para introducirse en la mente de este autor.

Dibbuks ofrece una cuidada edición en cartoné con sobrecubiertas. Hieronymus B. de Ulf K., con apenas sesenta páginas en blanco y negro, reivindica de pleno el dicho “lo bueno, si es breve, dos veces bueno”.

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