Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, uno de los acontecimientos que ha pervivido en el imaginario mundial es el de las ingentes cantidades de demacrados seres humanos, con los ojos vacuos de esperanza, mirando a sus “salvadores” con miedo tras metros de alambradas. Estos seres humanos, vestidos con retales de tela que en sus principios había sido blanca, cruzada con rayas de color azulado, eran en su mayor parte judíos que habían sido exterminados sin compasión y con precisión industrial por uno de los regímenes más detestados de la historia, el Régimen Nazi.
La palabra que más se ha utilizado por occidente para nombrar al terrible acontecimiento, prolongado en el tiempo, fomentado por la cúpula dirigente nazi, y conocido (y permitido) no tan sólo por la sociedad alemana, sino por la Iglesia Católica, los dirigentes Suizos, los aliados Estadounidenses e Ingleses, fomentado por cierta parte de Francia, por Italia, y una lista inacabable de países. Ha sido Holocausto, término que proviene del griego Holokaustos, que traducido al castellano vendría a ser algo como “una ofrenda totalmente quemada y consumida”. Los propios judíos adoptaron un término más específico para referirse a tal catástrofe, de forma literal, la Shoah. Sin olvidar en todo momento que, a parte de los aproximadamente 6 millones de judíos exterminados por el Régimen Nazi, se exterminaron aproximadamente otros 14 millones de personas de otras etnias, culturas, ideologías, orientaciones sexuales, confesiones religiosas y desequilibrios mentales. David Sim, el autor del cómic del que estamos hablando, busca un término que refrende exactamente lo que está buscando.
Sim pretende demostrar en un plazo de lectura de unos 25 minutos aproximadamente, que lo que llevó al Holocausto, y lo que lo que pervivió una vez terminado éste y censurado por todas las culturas del mundo que fueron sabedoras de él, tiene nombre propio. Pretende demostrar que era algo que llevaba gestándose en diversas capas sociales, en diversos países, en diversas culturas. Pretende demostrar que no se trata de un hecho aislado, que el Holocausto no fue tan sólo fruto de un caldo de cultivo propiciado por la situación económica, social, política etc… de Alemania tras el Tratado de Versalles de 1918.
Ahondando en la historia, y en la bibliografía de la que pudo disponer, el autor junto con Lou Copeland que lo ayudaba en la documentación, llegaron a la conclusión que la palabra que mejor definía lo que pretendía narrar era Judenhass, literalmente “odio a lo judío” y por ende resultaba un título magnífico para la obra que pretendían desarrollar.
Judenhass no es un cómic al uso. No nos cuenta una historia tipo, con su principio, nudo y desenlace. No desarrolla un personaje único con carisma o sin él, por el que sentir aprecio u odio. Judenhass, cumple más bien una función pedagógica. Son retazos, citas, expresiones, actuaciones concretas, que han sido aderezadas con un realismo pictórico sublime. Con sólo lápiz y tinta, David Sim, nos muestra página tras página un devenir de imágenes fotográficas que exponen con crudeza la contextualización de ciertas expresiones utilizadas a la largo de la historia, para justificar el “odio a lo judío”.
En sus propias palabras, el estílo de dibujo de la obra pretende revivir el estilo de dibujo fotorealista de los dibujantes de tiras de los 50 y los 60, y en especial a Alex Raymond (Flash Gordon, Rip Kirby, Jungle Jim y Secret Agent X-9, etc…), John Prentice (Rip Kirby), Stan Drake, Al Williamson (Flash Gordon, Rip Kirby, Secret Agent X-9, etc…) y Neal Adams (Batman, Green Lantern/Green Arrow, X-Men, Deadman, etc…).
En sus páginas finales, el propio Sim nos cuenta la odisea vivida para encontrar la información, para constrastarla. Incluso para justificar en algún momento el por qué se dijo lo que se dijo en el contexto en que se dijo. Una obra titánica que tan sólo pretende mostrarnos que ocurrió. Una obra con pocos ápices de subjetividad. Que sólo busca que entonemos juntos el “nunca más”, pero que por el contrario no para de recordarnos que el ser humano jamás aprende. Ya que situaciones como la de la Shoah, han sido reiteradas por el ser humano en mayor o menor medida en Chile, Nicaragua, Argentina, Rusia, Ex - Yugoslavia, África, y por desgracia un largo etc…
Una apasionante y dolorosa lectura, que demuestra una vez más que el cómic no es tan sólo una herramienta de divertimento pensada para evadirse. Si no que puede ser utilizado como medio y vehículo cultural y expresivo, para llegar donde otros medios no pueden llegar.
La edición de la catalana Ponent Mon, como suele ser habitual en ella, impecable. 56 páginas en una rústica edición, blanco y negro con las páginas satinadas, 16.5 cm de ancho por 24 cm de alto y un precio de 8.90€
Etiquetas: Dave Sim, Holocausto, Judenhass, Nazi, Ponent Mon, Shoah












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