Retazos de la vida cotidiana, fugaces fracciones situacionales, pequeños recortes de la vida más o menos intrascendentes. Estos son los únicos nexos en común de las 14 historietas que componen La Madre Ardilla (Ediciones La Cúpula), aparecidas entre los años 2000 y 2006 en distintas publicaciones, en las que huye de una composición argumental convencional, limitándose a utilizar el medio como herramienta para transmitir emociones. En ningún caso estas historietas están concebidas para ser entendidas como una obra global, sino recogidas como una serie de sosegados relatos en los que Megan Kelso nos acerca a la experiencia vital del día a día.
A priori, el carácter costumbrista apoyado en cierta base autobiográfica se muestra como el hilo conductor en la mayoría de historias, aunque es una tónica más efectista que una constante real. En el suceder de las páginas encontramos las recurrentes, características y heterogéneas cavilaciones que suelen tener como trasfondo las creaciones de la autora nativa de Seattle. Yendo desde las relaciones amorosas y el sexo, a la infelicidad prematura, los momentos de regocijo personal, los cambios o encrucijadas en los estados de ánimo, o las particularidades de tratar con la familia; son algunos buenos ejemplos de las pinceladas hacia donde apunta el fresco de Kelso. Dirigidos y percibidos generalmente desde la visión de una joven fémina, en ocasiones la propia Megan Kelso.
Quizá, el conjunto de historietas que se desmarcan tanto en pretensiones como en temática del resto, son en las que Kelso se vale de la figura del polifacético y oscuro político y patriota Alexander Hamilton. Amigo de George Washington e idealista afín, fue también uno de los ejecutores de la Constitución norteamericana, apareciendo en estas viñetas como un apasionado y nada ejemplar para lo que es el estereotipo de padre fundador americano. Mostrándonos desde sus relaciones homosexuales hasta su visionaria concepción del sistema bipartidista que perdura actualmente. Ello, a través de la percepción romántica de la entusiasta muchacha y los matices de su maestro.
La edición es más que correcta, reproduciendo las elegantes composiciones a color, las de perfil decaído en bitono y las menos abundantes en b/n. La Madre Ardilla es enteramente un cómic interesante, bonito y con un inevitable punto descorazonador, exponiendo de manera cercana y sin alharacas los sentimientos y sensaciones de cada momento. Su principal defecto radica en que a veces nos sitúa en un contexto emocional, plantea interrogantes, o nos brinda o apunta hacia una sátira crítica, pero peca de no indagar mucho más allá, quedando el supuesto propósito un poco enterrado bajo esa premisa. No obstante, la expresividad del trazo limpio de Kelso puede ayudar a compensar esta carencia.
Otras obras suyas, todas inéditas en España, son la relativamente reciente Watergate Sue, publicada en The Funny Pages del The New York Times, o la anterior Queen of the Black Black.
Etiquetas: Ediciones La Cúpula, Megan Kelso









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