Todos los lectores más o menos obstinados con la obra de Robert Crumb, en mi caso acérrimo, conocemos bien entre otras cosas; sus variopintas filias, sus obsesivas tribulaciones, su desprecio hacia el estilo de vida norteamericano, o su absoluta repulsa hacia ese supuesto arte culto que tan oportunamente le ha encumbrado. Robert Crumb Handboook fue editado originalmente en 2005 con un enorme despliegue mediático, alcanzando unas ventas sensiblemente superiores a cualquier otra publicación del historietista nativo de Philadelphia, pero llegado el momento, los editores se declararon en quiebra, por lo Robert Crumb y su esposa Aline no percibieron beneficio alguno. Desde hace unos pocos meses y bajo el epíteto R. Crumb Recuerdos y Opiniones, podemos encontrar en las cabeceras españolas la edición patria de Global Rhythm Press.
Tras el revelador documental dirigido por Terry Zwigoff en 1994, y sucesivos libros que se aproximan a la figura del autor y su turbador universo; el artista Peter Poplaski, a través de extensas conversaciones y charlas a modo de entrevista con su amigo Robert Crumb, expatriado a desde unos años a una pequeña localidad francesa, conforma el grueso de texto felizmente complementado con numeroso material inédito, a saber: fotos, carteles, portadas de discos, ilustraciones, historietas, pviñetas y bocetos a lo largo de las casi 450 páginas que lo conforman en clave de autobiografía. Aunque lo que termina de rematar el conjunto son las brillantes frases lapidarias que Crumb perpetra con su habitual ingenio, sin importar el que y el como.
La experiencia vital conducida mediante el legado historietístico que es la obra de Crumb, esculpe un retrato abreviado pero intenso que nos permite conocer sus orígenes e infancia, la fuerte presencia de la religión en sus primeros años, la influencia de su desgraciado y posesivo hermano Charles, quien coaccionaba a Robert y a su otro hermano varón para que dibujasen. El contraste entre el conservadurismo y la rectitud militar de su padre y la verdadera personalidad de su madre, el escaso bagaje cultural de sus progenitores y otras particularidades del crecimiento y experiencias personales de juventud. Estos pormenores están mejor y más extensamente recogidos en el citado documental. Crumb también desglosa sus inicios creando y vendiendo sin éxito sus propios tebeos junto a su hermano Charles, como empezó trabajando durante los 60 en una empresa de tarjetas postales en Ohio, lugar en el que hizo sus primeras incursiones en publicaciones de vocación underground y en donde conoció en 1964 a la que sería su primera esposa, Dana Morgan.
Al año siguiente de su boda comenzaría a trabajar para la revista Help, dirigida por el gran Harvey Kurtzman. Hasta que en 1967 se escapó a un San Francisco inmerso en plena efervescencia de la psicodelia, eludiendo los formulismos y convencionalismos que habían poblado hasta entonces su vida. Allí, el LSD y otras drogas varias eran plato habitual de un Crumb que, pese a que nunca consiguió encajar, se fue cuajando y formando como el artista inefable que es. El éxito no tardaría en llegarle gracias a su creación originalmente de infancia, ahora celebérrima, El Gato Fritz, para poco después dar el pistoletazo de salida a su histórico fanzine Zap Comix.
Prosiguiendo con alguna pincelada del libro, más tarde Crumb hace especial hincapié henchido de cólera y con un aire melancólico de cómo el sistema terminó por devorar aquella corriente contracultural, transformándola en un elemento más de descarnado consumo. De aquí en adelante su legado iconoclasta, subversivo y revolucionario, su humor sátiro deudor de autores clásicos y su radical carga autobiográfica que establecería el género en viñetas como tal, forman parte de la historia del noveno arte. Un personaje primordial para la concepción y entendimiento del cómic independiente americano.
Sólo queda comentar que aunque la edición es correcta, sobre todo en cuanto continente, no tanto en contenido. Adolece de una rotulación deficiente y de algunos errores en los textos que no alcanzan a empañar el conjunto. Este libro es en resumen, una magnífica manera de sumergirnos en el esencial universo Crumb, el conjunto se complementa con un CD en el que se reúnen grabaciones de las diferentes formaciones en las que Robert Crumb ha tocado su inseparable banjo desde 1972 a 2003.
Etiquetas: Global Rhythm Press, Peter Poplaski, Robert Crumb









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